Marcelo Abdala (Uruguay): “El 27 de octubre está en juego la defensa de las conquistas o la reinstauración neoliberal”

ENTREVISTA 

En el marco de los procesos de lucha que están realizándose en Nuestra América y los procesos electorales que afrontan varios países del continente, Prensa ESNA dialogó en profundidad con Marcelo Abdala, secretario General del PIT CNT de Uruguay, quien analizó el marco general de la actual fase del capitalismo y la lucha en el mundo del trabajo en el plano mundial y los procesos de lucha en América Latina y el Caribe, especialmente en Uruguay. 

¿En qué marco global económico y desde la lucha de clases estamos?

El razonamiento nuestro tiene que ver con el desarrollo del capitalismo a partir de sus propias contradicciones como régimen social, que existe más para la acumulación de capital que para promover la vida humana, por llamarlo de algún modo. En este escenario, nosotros estamos mirando cuatro procesos de transición que impactan directamente en la ofensiva mundial del capital, pero que tiene consecuencias directas en la suerte de toda Nuestra América. 

El primero de estos procesos, tiene que ver con un desarrollo deforme de la financialización de la economía que divorcia mecanismos de búsqueda de rentabilidad máxima de corto plazo dentro de la ruleta del casino del capital mundial pero divorcia el capital de su forma productiva. Esto trae un conjunto de problemas para los trabajadores, para los pueblos, que se viven en el día a día. 

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El segundo aspecto de transición importante tiene que ver con una aceleración del cambio en la composición orgánica del capital, por lo que podríamos atribuir el proceso de la cuarta revolución industrial que hoy se está viviendo. Aquí hay una contradicción que ya empieza a establecer, por lo menos desde el punto de vista del razonamiento del pensamiento crítico, una cuestión que tiene que ver con los posibles límites del capitalismo. De qué modo, un régimen que sólo existe por y para la acumulación del capital que surge de la ganancia del trabajo no retribuido a los trabajadores, obligado por la competencia tiene que invertir cada vez más, eso en la forma de revolución tecnológica, pero a partir del valor nuevo surge del trabajo vivo, ya que la tecnología, la maquinaria de los equipos, transfiere desde su valor al valor de la mercancía, pero no generan valor nuevo, el capital, tras la ganancia, no logra revertir la tendencia del declive relativo del margen de ganancia. Esto es una terrible contradicción y la vibora se muerde la cola. Y definitivamente habla de una situación objetivamente plausible de desarrollar relaciones sociales superadoras del capitalismo, sin explotados ni explotadores. Esa revolución tecnológica pone arriba de la mesa en qué relaciones sociales se habrá desarrollar. En lo inmediato, formas de mejora de la seguridad social, nueva fiscalidad robótica, los impuestos al automatismo, pero genera las condiciones para que aparezcan otras reivindicaciones y luchas como la reducción de la jornada de trabajo. Todo esto está en disputa en estos momentos en el mundo del trabajo. 

La tercera transición fundamental, tiene que ver con la transnacionalización de la economía. Es decir, cada vez más porciones de la vida de los trabajadores y los pueblos se definen en la esfera no nacional, sino  en la esfera transnacional. Esto hace necesaria una acción mucho más contundente desde el punto de vista mundial de los trabajadores y los pueblos.

Y el cuarto punto tiene que ver con la transición geopolítica. O sea, un imperialismo norteamericano en declive frente al ascenso de Rusia, India y especialmente de China, que esto hoy se expresa como “Guerra Comercial”, donde se viene expresando sobre cuál podría ser el mayor cambio dinámico del desarrollo del siglo XXI, en un capitalismo mucho más multipolar. Pero en este escenario, se expresa el peligro de la guerra como peligro permanente. Es en este cuadro en donde se desarrolla la acción en América Latina y el Caribe. 

¿Qué rol juega en este marco Estados Unidos?

No se puede comprender, especialmente en este último aspecto de la transición geopolítica, la beligerancia del imperialismo norteamericano y el intento de su retorno en el contienen, lo que tradicionalmente fue su patio trasero. No solamente la zona de influencia en la cual extraer recursos, sino su patio trasero desde el punto de vista económico, productivo, extractivista, político, ideológico y como reserva de consecuencias militares para la hegemonía norteamericana. No se puede entender con Donald Trump la mayor beligerancia del imperialismo norteamericano en su intento de reinstalarse en América Latina, al margen de esta disputa geopolítica, con respecto a la situación con China. Cualquiera que hubiera previsto hace 30 años una guerra comercial como la que estamos viviendo ahora entre Estados Unidos y China podría pecar de loco o que lo tildaran de relatar ciencia ficción, pero de muy mal analista. Bueno, esto es lo que se está dando ahora. 

¿Qué ocurre en el continente?

Bueno, el teatro de operaciones de América Latina, un continente que para nosotros se mueve de conjunto, la revolución habrá de ser continental. Los cambios, tanto positivos como negativos, se procesan en clave continental y los momentos políticos también. En ese cuadro, este continente es especialmente una zona de disputa. No se puede entender la agresión imperialista de agudizar nuevamente los bloqueos contra la heroica revolución cubana, no se puede entender las formas de provocación y desestabilización que se han manifestado en Venezuela por parte del imperialismo norteamericano, no se puede entender que haya un fascista en Brasil como Bolsonaro, no se puede comprender el ajuste neoliberal que desarrolló Macri en la Argentina, al margen de esta cuestión. 

Esto no significa que el único factor explicativo sea el imperialismo norteamericano. También están las contradicciones internas y hasta los propios límites del progresismos, sus rendimientos decrecientes en tanto que no ha diversificado la matriz productiva, no ha resuelto la cuestión central que es la superación de la dependencia. No se puede explicar el panorama continental sin estos elementos. 

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¿Y las luchas populares?

Por eso es tan necesario relanzar en América Latina y el Caribe un proyecto emancipador, de emancipación nacional y en tránsito hacia la emancipación social. Es la única respuesta que puede tener el actual dilema de la confrontación de dos perspectivas, de dos proyectos de país en todo el continente. Nuestros pueblos, encabezados por la clase trabajadora, en camino de unidad y lucha, en defensa de la democracia, contra el neoliberalismo, deben levantar un programa de apropiación de los recursos naturales que inaugure un nuevo modo de acumulación que permita nuestro desarrollo productivo que es clave desde el punto de vista de la superación de la dependencia. 

Por eso la importancia de la jornada continental que este año se va a desarrollar en La Habana (Cuba) y de ahí la importancia del trabajo de nuestro Encuentro Sindical Nuestra América en unidad con todas las expresiones del campo sindical y popular que estén dispuestas a movilizarse contra el neoliberalismo y por un camino democrático avanzado, que es, en definitiva, lo que nosotros sostenemos como perspectiva. 

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¿Cómo se da esto en Uruguay, sobre todo en la previa a la elección del próximo 27 de octubre?

En Uruguay está en disputa la misma situación que en toda América Latina: dos grandes proyectos de país, dos grandes familias de propuestas. Esto no significa que no tengan tensiones, matices y hasta diferencias en sus internas, pero que en definitiva significan dos perspectivas. Son dos caminos para la vida de Uruguay.

De un lado, el intento del poder, de las clases dominantes, tanto expresadas desde el punto de vista del rol de la Cámara Nacional del Comercio y los Servicios y la Cámara de la Industria, las dos grandes cámaras patronales de las clases dominantes organizadas en el plano social y en una confederación empresarial que presentó un proyecto completo del país basado en la regresión neoliberal y la utopía reaccionaria. Como también sus representaciones políticas, más directamente el enfoque fascistizante de Manini, un candidato militar en Uruguay, el enfoque neoliberal de Luis Lacalle Pou del Partido Nacional y, también, la visión neoliberal de Talvi del Partido Colorado. Seguramente coaligados en la idea de la restauración neoliberal. Es un programa de retiro del Estado para el desarrollo productivo y social del país. Un programa para desmantelar el aparato del Estado, sobre todo achicando los servicios que lleva adelante. Es decir, un camino hacia la privatización de nuestros entes públicos y de las empresas del Estado en la vieja concepción de que el mercado es el mejor asignador de los recursos, algo sumamente conveniente para los grandes poderosos en la economía, que son los mismos que tienen el poder mediático, ideológico en la sociedad capitalista. 

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Y esto especialmente con un planteo que presenta la liquidación de la negociación colectiva y los consejos del salario en Uruguay, que como sabemos fue una conquista importante de la clase trabajadora movilizada en forma permanente, esté quién esté en el gobierno. Esto incluyendo a los gobiernos del Frente Amplio, mucho más amigables con las reivindicaciones de los trabajadores, de la ley de la negociación colectiva que fue la que permitió un crecimiento por arriba del 57% del salario real en estos años. Donde también se ha aumentado el salario mínimo y se ha mejorado la formalización, las leyes laborales, la destercerización, la libertad sindical, el sistema integrado de salud. que tuvo un comportamiento donde, desde nuestra cabeza crítica aún no de distribución de la riqueza, si por lo menos de la distribución del ingreso en otras condiciones adecuadas. En Uruguay, el 100% de los trabajadores públicos y privados tienen derecho a la negociación colectiva.

Por lo tanto, en Uruguay están las propuestas de restauración neoliberal y del otro lado la propuesta de mantener el estadio actual de la acumulación de fuerzas, tentando también camino para su profundización y para que la propia lucha de los trabajadores y el pueblo abra el proceso de síntesis no solamente de mejor administración del capitalismo con mejor distribución del ingreso y más democracia, sino directamente con caminos de diversificación de la matriz productiva, de emancipación nacional y emancipación social, para los cual la suerte de América Latina es clave. 

Todo esto está en juego el 27 de octubre en Uruguay. Si ganan los partidos de la restauración neoliberal, el movimiento obrero deberá alzarse en defensa de las conquistas y si gana el Frente Amplio tendremos también mucha lucha pero desde el punto de vista de garantizar un camino de transformaciones profundas. 

La interconexión, el desarrollo múltiple y combinado de la revolución continental hace de que para nosotros sea fundamental cómo se debilita el bloque que el imperialismo norteamericano le está haciendo a Cuba, cómo se generan caminos de estabilidad en democracia de la situación en Venezuela, cómo el pueblo ecuatoriano, del cual somos abiertamente solidarios, lucha contra el plan de ajuste del FMI y cómo retoma la iniciativa de generar políticas públicas que apunten hacia su emancipación, cómo le ganamos al bloque neoliberal en la Argentina y en Uruguay, cómo retomamos la iniciativa en Chile y en el resto de los países es fundamental porque no hay ningún procesos social que se pueda desarrollar hasta sus últimas consecuencia solamente en el plano nacional al margen de lo que sucede en Nuestra América. 

Prensa ESNA

 

 

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