Cuba – Otro 19 de abril de victorias

Que Cuba tenga hoy un nuevo presidente no es solo el resultado de un proceso de elección. Hay mucho de responsabilidad, de simbolismo, en el tránsito de esa generación histórica a otra, que no se curtió entre montañas ni bajó de la sierra con un triunfo peleado; pero que ha crecido como salvaguarda y, sin apartarse del camino, se ha dispuesto a fundar, a transformar, a conquistar… Se trata, parafraseando al poeta, del «renglón de una historia mayor», que habla de continuidad.

Y también hay mucho de desprendimiento en ese acto de ceder, que no implica renunciar; hay mucho de humildad en quien deja a otros la conducción de esa obra grande por la que se ha dado todo, para solo acompañar, desde la más alta vanguardia política y, a su vez, desde el escaño de un diputado.

Y ese acto fue tan trascendente como natural.

Desde la primera jornada de constitución de la Asamblea vimos a Raúl ocupando un puesto en primera fila; ejerciendo su voto, boleta en mano, con naturalidad; enseñando, con su actuar confiado, que ya había llegado aquel momento que siempre vimos desde lejos. Porque el futuro siempre nos parece lejos.

Y cuando fue un hecho la elección de Miguel Díaz-Canel Bermúdez como presidente de Cuba, Raúl subió al estrado, desprovisto de falsos protocolos y posturas solemnes, para recibirlo, para acompañarlo, para abrazarlo, para estampar con ello la confianza, en el hombre, y en el porvenir.

De Díaz-Canel, subrayó Raúl, que «no es un improvisado». Destacó su labor como ingeniero, su trabajo como oficial de las far, líder juvenil, y luego cuadro profesional del Partido en Villa Clara y Holguín. Habló de su quehacer como Ministro de Educación Superior y desde hace cinco años, como Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

De Raúl, resaltó el nuevo presidente, su dimensión de estadista, su liderazgo en la formación del consenso nacional y en el proceso de actualización que vive el país, así como la rica historia que integra al moncadista, al expedicionario, al guerrillero, al jefe militar y al dirigente político.

«No vengo a prometer nada, dijo Díaz-Canel, como jamás lo hizo la Revolución en todos estos años. Vengo a entregar el compromiso», que no es otro que el de continuar «actuando, creando y trabajando sin descanso», en vínculo con la gente humilde y solidaria de esta tierra. En esa empresa no habrá ninguna ausencia, porque «hasta nuestros muertos nos acompañarán».

Y no es que sea fácil todo lo que ha de hacerse. Pero este 19 de abril no hubo rupturas. La continuidad tiene rostros.

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